Quédate Conmigo Podcast - Ideación suicida
Después de los recursos encontrarás un resumen de la entrevista a Maialen Gurbindo, que puedes ver en el siguiente enlace:
https://youtu.be/HDqZeZC18oo?si=xz92GbyklrDBL1SX
Pero antes... Si estás atravesando momentos de crisis, tienes ideación suicida o simplemente necesitas hablar con alguien humano que te escuche y te entienda, por favor, ten en cuenta los siguientes recursos 👇
🫂 Reuniones
Miércoles: GAM Alternativas al Suicidio en Español 11am to 12:30pm EST (5pm en España)
https://zoom.us/j/687922466
Phone Access: 646.876.9923 Toll Free Access: 888.205.3279
Meeting ID: 687 922 466
Encuentra más reuniones (en inglés) en:
https://wildfloweralliance.org/alternatives-to-suicide/
📞 Líneas y números de apoyo en España
Línea 024 — Atención a la conducta suicida
📍 Línea gratuita, confidencial y profesional disponible 24/7 para personas con pensamientos suicidas o en crisis, y sus allegados.
📞 024 (desde cualquier teléfono en España; gratuito)
También ofrecen chat online para escribir en lugar de llamar.
Teléfono de la Esperanza
Apoyo emocional con voluntariado entrenado y escucha activa.
📞 717 003 717 (España) — confidencial y gratuito
Línea gratuita en Barcelona
Apoyo 24 h para personas con ideación suicida o crisis emocionales.
📞 900 925 555
Teléfono ANAR (menores y adolescentes)
Para jóvenes en riesgo o con problemas emocionales (incluye chat).
📞 900 20 20 10
Emergencias
Si sientes que corres peligro inmediato o alguien podría lastimarse:
📞 112 — número general de emergencias
🗨️ Chats y apoyo por WhatsApp / mensajería
Chat de apoyo emocional (Barcelona)
Servicio confidencial de apoyo con profesionales por WhatsApp — enfocado a jóvenes (14–25 años):
📱 679 333 363
WhatsApp de Papageno
Puedes escribir para obtener información sobre actividades, recursos o cómo asociarte:
📱 WhatsApp: 633 169 129 (Papageno)
Red de Apoyo 24 (no profesional)
Ofrece guía, apoyo emocional y un WhatsApp/confidencial chat para hablar y recibir consejos de contención inmediata (no reemplaza ayuda clínica).
Algunas comunidades (p. ej., Madrid) tienen servicios de atención psicológica telemática que permiten contacto via WhatsApp, correo o llamada con psicólogos para ansiedad, estrés o ideación suicida (especialmente para jóvenes).
(Este tipo de servicios suele tener cobertura de edad o regional, así que conviene consultar la web oficial de tu comunidad autónoma para saber cómo acceder.)
Resumen de la entrevista a Maialen Gurbindo:
Link: https://youtu.be/HDqZeZC18oo?si=xz92GbyklrDBL1SX
Bloque 1: Orígenes, Infancia y la formación del "Monstruo" (Minutos 0:00 - 20:00 aprox.).
P: ¿Cómo estás, Maialen? ¿Cómo te sientes hoy viniendo a hablar de esto?
R: Estoy nerviosa pero con ganas. Siempre digo que hablar de salud mental es necesario, pero también me expone. Sin embargo, creo que si mi experiencia sirve para que alguien no se sienta un bicho raro, merece la pena el esfuerzo.
P: En el podcast siempre empezamos por el principio. ¿Cómo fue tu infancia en Navarra y cuándo empezaste a sentir que algo no encajaba?
R: Mi infancia fue de "niña buena". Mis padres trabajaban muchísimo, eran autónomos y yo pasaba mucho tiempo sola. Recuerdo una sensación de responsabilidad que no me correspondía. Quería ser invisible para no dar más problemas de los que ya había. Empecé a sobrepensar todo desde muy pequeña; si alguien me miraba mal en el colegio, yo le daba vueltas durante días.
P: Hablas mucho de la depresión de tu padre. ¿Cómo marcó eso tu crecimiento?
R: Fue determinante. Yo veía a mi padre, a quien amaba profundamente, sumido en una tristeza que no entendía. Como niña, intentas "curarlos". Haces bromas, intentas sacar buenas notas, intentas ser perfecta para que él sonría. Cuando no lo consigues, sientes que has fallado. Ahí nació mi culpa crónica. Entendí que la tristeza era algo que podía engullir a una persona y que no dependía de cuánto la quisieras.
P: ¿Qué es "el monstruo" del que hablas en tus canciones y entrevistas?
R: El monstruo es mi diálogo interno destructivo. Es esa voz que me dice que nada de lo que hago está bien, que soy una carga para los demás y que todo lo malo que pasa es por mi culpa. Se alimenta de mis inseguridades y de los traumas que vi de pequeña. No es algo externo, soy yo misma saboteándome con las herramientas que aprendí para sobrevivir al miedo.
P: ¿Sentías que podías hablar de esto en casa en aquel entonces?
R: No, para nada. En mi casa se hablaba de trabajar, de salir adelante, de ser fuerte. La salud mental no existía como concepto. Se estaba triste o se estaba cansado, pero no se iba al psicólogo. Yo guardaba todo en una caja dentro de mí y esa caja fue llenándose hasta que ya no cerraba.
P: ¿Cuándo apareció la música como vía de escape?
R: La música fue el único lugar donde me permitía ser "rara" o vulnerable. Empecé a escribir porque era más fácil cantar lo que me pasaba que decirlo en una cena familiar. Chica Sobresalto nació como un escudo; ella podía gritar lo que Maialen se callaba por miedo a molestar.
P: ¿Hubo algún punto de inflexión en la adolescencia donde la salud mental ya fuera un problema grave?
R: Sí, empecé a tener crisis de ansiedad, aunque entonces no sabía que se llamaban así. Pensaba que me daban ataques al corazón o que me asfixiaba. Iba a urgencias y me decían "son nervios, tómate una tila". Eso me hacía sentir aún más loca, porque mi dolor físico era real pero nadie le daba importancia médica.
Bloque 2: La Depresión Mayor, la Apatía y la Ideación Suicida (Minutos 20:00 - 40:00 aprox.).
En esta parte, la entrevista se vuelve más cruda y Maialen explica la diferencia entre la tristeza común y la enfermedad clínica.
P: ¿Cómo se siente dar el paso de la "tristeza de niña buena" a una depresión mayor diagnosticada?
R: Es el paso de la emoción a la nada. La gente confunde la depresión con estar muy triste o llorar mucho. Para mí, lo peor fue dejar de llorar. Entras en una fase de apatía donde nada tiene color, nada tiene sabor y nada te importa. Miras a la gente que quieres y es como si miraras un mueble. Esa falta de conexión con la vida es lo que realmente te aterra.
P: Hablas de que la apatía es "lo más peligroso". ¿Por qué?
R: Porque si no sientes nada, no tienes motivos para quedarte. Cuando estás triste, aún hay una pulsión, hay un sentimiento. Pero la apatía es un vacío absoluto. Te levantas y piensas: "¿Para qué?". No es pereza, es que el motor de tu existencia se ha roto. Ahí es donde la idea de dejar de estar aquí empieza a parecer la única solución lógica al vacío.
P: Es un tema tabú, pero tú hablas de la ideación suicida con mucha claridad. ¿Cómo se vive con ese pensamiento diario?
R: Se vive con una contradicción constante. No es que quieras morir, es que no puedes soportar el peso de vivir. Yo lo describo como una tortura china: cada segundo de conciencia duele. La ideación suicida era mi mecanismo de escape; pensar en "el final" era lo único que me daba paz porque significaba que el dolor pararía. Rezaba por no despertarme porque el momento de abrir los ojos por la mañana y ver que seguía viva era el más traumático del día.
P: ¿Qué importancia tuvieron tus perros en ese momento tan oscuro?
R: Mis perros me salvaron la vida de forma literal. Yo no quería vivir por mí, pero no podía dejarlos a ellos sin comer o sin salir. Eran mi único vínculo con la realidad. Me obligaban a salir a la calle, aunque fuera en pijama y sin ducharme. Ver que ellos me necesitaban me daba una responsabilidad que me mantenía anclada a la tierra cuando mi mente ya se había ido.
P: ¿Cuándo decidiste contárselo a alguien por primera vez?
R: Se lo dije a mi pareja de aquel entonces. Estábamos en el sofá y simplemente exploté. Le dije: "Tengo ganas de morirme todos los días". Se quedó en shock. No sabía qué hacer. Es muy difícil para la persona que tienes al lado escuchar eso, porque su instinto es intentar "animarte" o decirte que tienes muchas cosas buenas, pero eso solo te hace sentir más culpable.
P: ¿Cómo reaccionó tu entorno cercano cuando el problema se hizo evidente?
R: Con mucho miedo y mucha impotencia. Mi madre lo pasó fatal. Ver a tu hija consumirse y no saber cómo ayudarla es una tortura para unos padres. Yo intentaba fingir para no hacerles sufrir, pero fingir gasta una energía que no tienes cuando estás deprimida. Al final, la máscara se cae sola.
P: ¿En qué momento empezaste a ver que esto no era algo que pudieras solucionar "echándole ganas"?
R: Cuando me di cuenta de que mi cerebro ya no funcionaba físicamente. No podía concentrarme, se me olvidaban las cosas, no podía leer ni una frase seguida. Entendí que no era una cuestión de voluntad, sino que algo en mi química cerebral se había fundido. Fue ahí cuando comprendí que necesitaba ayuda profesional y, posiblemente, medicación, aunque me daba pánico.
Bloque 3: Emetofobia, Agorafobia y la Fama (Minutos 40:00 - 60:00 aprox.).
En esta etapa, Maialen explica cómo su salud mental se somatizó en miedos físicos extremos y cómo la exposición pública afectó su proceso.
P: Mencionas que tu salud mental se manifestó a través de la emetofobia. ¿Cómo empezó este miedo al vómito y cómo condicionó tu vida?
R: Empezó de forma progresiva hasta volverse una obsesión. No es solo "asco" a vomitar, es un pánico paralizante. Empecé a dejar de comer ciertas cosas, luego a dejar de comer fuera de casa, y después a casi no comer por miedo a una intoxicación. Perdí muchísimo peso. Mi vida se convirtió en una vigilancia constante de mi estómago y el de los demás.
P: ¿De qué manera esa fobia acabó convirtiéndose en agorafobia?
R: Si tienes miedo a vomitar o a que alguien vomite cerca, el mundo exterior se vuelve un campo de minas. En mi cabeza, el metro, los conciertos o los bares eran lugares donde podía contagiarme de un virus estomacal. Empecé a acotar mis "zonas seguras" hasta que mi zona segura fue solo mi sofá. Salir de casa me provocaba ataques de pánico porque sentía que perdía el control sobre mi cuerpo.
P: ¿Cómo viviste el contraste de tener este mundo interno tan roto y, de repente, entrar en un programa de televisión masivo como Operación Triunfo?
R: Fue una locura. Entré en el programa estando ya mal, pero allí estás en una burbuja. Lo difícil fue la salida. De repente, pasé de no querer salir de mi casa a que todo el mundo me conociera. La fama es un amplificador: si estás bien, te da cosas increíbles; si estás mal, te hunde más porque sientes que tienes que "cumplir" con una imagen de éxito que no se corresponde con cómo te sientes por dentro.
P: ¿Sentiste que tenías que fingir ser "Chica Sobresalto" para que no vieran a la Maialen que sufría agorafobia?
R: Totalmente. Había días que tenía un concierto y me pasaba la tarde llorando o con náuseas por la ansiedad, y luego tenía que subirme al escenario y saltar. Es una disociación muy fuerte. Maialen quería esconderse debajo de la manta, pero Chica Sobresalto tenía que pagar el alquiler y cumplir con la banda. Esa dualidad acaba agotándote el triple.
P: ¿Cómo gestionaste los comentarios y la presión de las redes sociales en ese estado?
R: Mal. Mi "monstruo" interno usaba los comentarios negativos de Twitter para darme la razón. Si alguien decía que cantaba mal o que no le gustaba mi cara, mi cerebro decía: "Ves, tienen razón, no vales nada". Me costó mucho entender que lo que dice un desconocido no es una verdad absoluta, sino solo una opinión proyectada.
P: En ese momento de máxima exposición, ¿tuviste algún ataque de ansiedad que el público no viera?
R: Muchos. He tenido ataques de pánico antes de salir a entrevistas o sesiones de fotos. Lo que pasa es que aprendes a camuflarlos. Te quedas quieta, respiras como puedes y esperas a que pase. La gente ve una foto bonita, pero no ve que cinco minutos antes estabas encerrada en un baño pensando que te ibas a morir.
P: ¿Hubo algún momento en que pensaras en dejar la música por tu salud mental?
R: Sí, muchas veces. Pensaba que la música era la que me causaba el estrés, pero luego entendí que la música era mi medicina. Lo que me hacía daño no era cantar, era todo el "ruido" de la industria y la presión que yo misma me ponía por no fallar a nadie.
Bloque 4: El Tratamiento, la Medicación y el Proceso de Sanación (Minutos 60:00 - 80:00 aprox.).
Aquí Maialen rompe el estigma sobre el uso de psicofármacos y describe cómo fue el camino de vuelta hacia la funcionalidad.
P: ¿Qué te hizo finalmente aceptar que necesitabas medicación?
R: Fue el puro cansancio. Estaba agotada de luchar contra mi propio cerebro cada segundo del día. Mi psiquiatra me explicó que mi cerebro no estaba produciendo la química necesaria para que yo pudiera siquiera intentar estar bien. Fue como si me dijeran que tenía una pierna rota y yo me empeñara en correr una maratón. Acepté que necesitaba esa "muleta" química para poder empezar a caminar.
P: Tenías mucho miedo de que las pastillas cambiaran tu personalidad o tu creatividad, ¿qué pasó realmente?
R: Pasó todo lo contrario. La depresión era lo que me había robado la personalidad y la creatividad; yo ya no era yo, era solo un ente asustado. Al empezar el tratamiento, el ruido del "monstruo" bajó de volumen. No me convertí en un robot, simplemente recuperé la capacidad de concentrarme y de sentir curiosidad. La creatividad volvió porque, por fin, tenía energía para algo más que para sobrevivir.
P: ¿Cómo fue el proceso de encontrar la medicación y la terapia adecuada?
R: Es un proceso de ensayo y error, y eso es frustrante. Al principio algunas pastillas me daban efectos secundarios o no me hacían nada. Tienes que tener mucha paciencia y confiar en los profesionales. En cuanto a la terapia, fue fundamental encontrar a alguien con quien no me sintiera juzgada por mis pensamientos más oscuros, alguien que entendiera mi emetofobia sin minimizarla.
P: ¿Qué sentiste la primera vez que experimentaste un "rayo de luz" o un momento de felicidad real tras tanto tiempo?
R: Recuerdo perfectamente un día que iba en el coche, vi un paisaje bonito y, de repente, sentí un escalofrío de placer. Hacía años que no sentía eso. Me puse a llorar porque me di cuenta de que la vida seguía ahí y de que yo todavía podía formar parte de ella. Fue la confirmación de que el tratamiento estaba funcionando.
P: Hablas de la importancia de la salud mental pública, ¿cuál es tu visión sobre el acceso a estos tratamientos?
R: Es una vergüenza. La salud mental en este país parece un lujo para quien puede pagárselo. Si estás en riesgo de suicidio o tienes una agorafobia que no te deja salir de casa, no puedes esperar tres meses a que te vea un especialista diez minutos. Yo he podido pagarme terapia privada gracias a mi trabajo, pero me duele pensar en cuánta gente se queda por el camino porque no tiene esos recursos.
P: ¿Cómo cambió tu relación con tu entorno una vez que empezaste a mejorar?
R: Empecé a poner límites. Aprendí a decir "hoy no puedo" o "esto me da ansiedad" sin sentirme culpable. Mi familia y mis amigos tuvieron que aprender también que mi proceso no era lineal; hay días de retroceso y no pasa nada. La comunicación honesta, sin filtros, salvó mis relaciones.
P: ¿Qué le dirías a alguien que tiene miedo de ir al psiquiatra o de tomar medicación?
R: Que no es una derrota, es un acto de amor propio. No te hace débil, te hace inteligente. Si te duele el corazón vas al cardiólogo, pues si te duele el alma y el cerebro está fallando, vas al psiquiatra. Es recuperar el control de tu vida.
Bloque 5: Estado Actual, Reflexiones sobre la Vida y Mensaje Final (Minutos 80:00 - 87:00 aprox.).
En este cierre, Maialen resume su aprendizaje y lanza un mensaje de esperanza y realidad.
P: ¿En qué punto te encuentras hoy? ¿Te consideras "curada"?
R: No me gusta la palabra "curada" porque parece que el problema desaparece para siempre. Yo prefiero decir que estoy en una etapa de mucha más luz. Sigo teniendo a mi "monstruo", pero ahora es más pequeño y sé cómo hablarle. He aprendido que la salud mental es como una planta que hay que regar todos los días; no puedes descuidarte, pero ya no vivo en aquel túnel oscuro donde no había salida.
P: Tu música ha cambiado con este proceso. ¿Cómo te sientes ahora al cantar canciones como "Fusión del Núcleo"?
R: Es liberador. Antes las cantaba desde el dolor más absoluto, casi como un grito de auxilio. Ahora las canto desde la superación. Ver a la gente conectar con esas letras me hace sentir que mi sufrimiento tuvo un propósito: acompañar a otros. Ya no me siento sola en ese escenario, siento que somos una comunidad de "sobresaltos" apoyándonos.
P: ¿Qué es lo que más te hace disfrutar de la vida ahora que has recuperado la capacidad de sentir?
R: Las cosas más pequeñas. Irme a pasear con mis perros sin miedo, tomarme un café tranquila, disfrutar de una conversación con mis amigos sin estar fingiendo. He aprendido a valorar la paz por encima del éxito. Antes buscaba grandes hitos, ahora busco días tranquilos.
P: ¿Cómo es tu relación actual con tus padres después de todo lo que habéis pasado?
R: Es mucho más sana y real. Hemos hablado de cosas de las que nunca se hablaba en mi casa. He perdonado muchas cosas y ellos también han aprendido mucho. Entender que ellos lo hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían me ha quitado un peso enorme de encima.
P: Para alguien que esté viendo esto y se sienta identificado con ese deseo de "no estar", ¿qué mensaje le darías?
R: Le diría que no es él quien se quiere morir, es su enfermedad. Que por favor aguante un poquito más, que pida ayuda a gritos si hace falta. Que aunque ahora mismo sea incapaz de verlo, el cerebro miente cuando estás deprimido. Le diría que existen los profesionales y la química que pueden sacarlo de ahí, y que la vida puede volver a ser bonita, aunque ahora le parezca un chiste de mal gusto.
P: ¿Con qué te quedas de esta charla en "Quédate conmigo"?
R: Me quedo con la sensación de que hablar cura. Me voy más ligera. Espero que quien nos escuche se sienta un poco más comprendido y menos culpable por estar mal. No eres un bicho raro, eres una persona pasando por un proceso difícil, y tienes derecho a recuperarte.